25.8.03

Sueño XXII: Estoy en casa, con mi familia. Alguien levanta una sábana blanca, y debajo está mi padre muerto. La angustia que siento en la garganta no me deja respirar. Grito con desesperación: “No puede ser, sólo está dormido. ¡Qué se despierte ya!” Y obedece, se levanta y todo vuelve a la normalidad. Y empieza a jugar con los rizos de mi cabello en el sofá, igual que otras miles de veces. Un sudor frío me recorre la espalda, aunque al mismo tiempo el corazón deja de romperme el pecho. Entonces me despierto. Mi padre murió y hace años que no vivo allí. Desearía que el sueño fuese cierto.

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